El celular como medio de aprendizaje

Ya vamos llegando! Ya vamos llegando! El uso del teléfono celular o móvil, como se le diga, para fines educativos empieza a ser una realidad que paulatinamente se impone. El acceso a la información, que antes nos hubiera costado ir a una biblioteca o a la librera de casa a buscar un diccionario o un libro. O que en tiempos más recientes, nos implicaría encender el computador y meternos a internet. Todo eso empieza a superarse en velocidad y facilidad, porque en el bolsillo llevamos la información. Porque en una cosita pequeña hay un acceso a la vasta información creada por el ser humano. Puede llevarnos ello a algunas preguntas: ¿A qué se dedicarán las escuelas o universidades, si en un teléfono puede encontrarse mucho de la información a la que dedican tanto tiempo y esfuerzo? ¿Si ahorramos tiempo en búsqueda de información, podríamos dedicarlo a la formación más plena y humana? ¿Aprenderemos mucho más de un teléfono que de un señor o una señora que nos repite mecánicamente, que nos dicta cosas, que nos hace aprendernos datos para podernos otorgar un puntaje que, en su suma, va a graduarnos de la Universidad o cualquier otra institución educativa? Preguntas como éstas debieran empezar a ocupar nuestro pensamiento y nuestras formas de asumir y enfrentar las nuevas exigencias educativas. Pero debemos apurarnos las y los educadores, porque en eso nos llevan muchísima delantera los economistas, los financieros, los dueños de las transnacionales informáticas, los grandes capitales que nos venden programas o aparatos. Y que ya sabemos, no están angustiados por el desarrollo integral de cada ser humano en el planeta.

El resentimiento como “logro” educativo

Es impresionante, pone la piel erizada, escuchar a estudiantes de secundaria cuando hablan de sus docentes ¡con tanto resentimiento! Recientemente en una conversación con dos jóvenes, apareció el tema de sus profesoras. Resaltó lo expresado acerca de tres docentes (un hombre, dos mujeres). La cara les cambio y se les llenó de una dureza y un rencor tan enormes que inundaron el espacio. Y hablaron con tanto resentimiento como si hablaran de delincuentes que les han hecho daño. Y son quienes les !enseñan religión! ¿Qué han conseguido, cuáles son sus logros? ¿Acercar a los jóvenes a un aprendizaje más humano, pleno y feliz de Dios? No! ¿Causar en ellos cierta vinculación o nexos con la Iglesia a la que representan? !Menos! Su “logro” ha sido el resentimiento, el enojo, la cólera y las actitudes violentas hacia ellos, y hacia todo lo que represente conocimientos, maestros, etcétera. Semejante “logro” es más dañino que la memorización mecánica de los conocimientos más inútiles que invaden todo plan de estudios de la mayoritaria educación tradicionalista. Es más dañina, totalmente, porque contribuyen a generar los sentimientos, actitudes y visiones destructivas en la sociedad humana. ¿Qué gana el planeta con más y más habitantes resentidos, violentos y desanimados? Es urgente que, o se procese formativamente (de manera profunda, intensa, extensa y seriamente) a esos docentes, o que se les quite y prive de toda actividad y vinculación con jóvenes. ¡Que se dediquen a otra cosa, si no saben interactuar respetuosa y dignamente con jóvenes! Lo anterior significa que las instituciones educativas, públicas o privadas, le pongan una atención seria e integral a la formación de sus formadores y formadoras. Que no abandonen a la juventud en esas cárceles (llamadas aulas), a manos de verdugos que castigan la vida, la espontaneidad, la expresión y la dinámica de las y los jóvenes. Y a los jóvenes estudiantes, habrá que pedirles que no se dejen vencer por todo eso. Que denuncien, que condenen, que resistan pero enviando mensajes de indignación, de no tolerancia absoluta, de no obediencia ciega. Y si las autoridades son parte de la misma estructura delictiva (porque aquel o aquella que mata la alegría es un delincuente vestido de profesor), resistan de las formas que sean, pero sin dejar que su corazón se contagie, porque ése sería el peor de los triunfos de esos falsos educadores.

3 fases de la evolución tecnológica y educativa

Algunos autores afirman que la evolución tecnológica ha ocurrido mediante las siguientes tres fases: 1. De lo análogo a lo digital. 2. De la comunicación unidireccional a la interactividad. 3. Del control exógeno al control endógeno del aprendizaje. Al leer estas 3 fases, vemos que sus incidencias en la educación no sólo son significativas, sino que nos deben llevar a ciertas reflexiones de aplicación y vivencia en las aulas y procesos educativos escolares. Algunas de esas reflexiones pueden ser las siguientes: * Lo digital ha contribuido a la rapidez, calidad y fluidez de la información. Ello empieza a transformar la práctica cotidiana de “enseñanza”, pues la información está más accesible que nunca, y un ejercicio docente tradicional (de hablar y hablar y hablar) empieza a ser fuente de rechazo y resistencias. * Lo digital implica también una vivencia sociovirtual más acentuada que educadoras y educadores deben empezar a aprender si quieren ser fuentes de aprendizaje para otros. * La interactividad en videojuegos, incluso en algunos programas de televisión infantil, así como otros recursos informáticos, empieza a ser generadora de cierto nivel de participación en los aprendientes (que ahora ya no sólo son receptores de la información tediosa de sus emisores-docentes). * La interactividad empieza a ser una obligación didáctica, una visión de práctica diferente en todo el proceso. Claro que esto implicará nuevos esfuerzos, nuevas prácticas, nuevos aprendizajes que no va a gustar a muchos docentes acomodados. * Y la tercera fase nos plantea uno de los aspectos más cruciales: del poder omnipresente e indiscutible del docente, proyectado al control casi supremo de todo el proceso de aprendizaje de sus alumnos, estamos pasando al punto crucial en el que son los alumnos quienes controlan y dirigen su propio aprendizaje. No controlan totalmente su propia formación y desarrollo de valores y actitudes, porque esto se aprende en la interacción humana, pero sí se puede empezar a tener control sobre cómo adquirir información, cómo convertirla en fuente de desarrollo personal y social. Aquí, la evolución tecnológica también empieza a ser evolución del ejercicio de poder en los procesos educativos. Es decir, si somos suficientemente sabios para ver y “leer” los signos de los tiempos actuales, podremos aprovechar los cambios tecnológicos para desarrollar cambios paradigmáticos. Cambios en el modo de ver, sentir y llevar la vida y la educación.

Vivir para aprender, aprender para vivir.

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