El gozo de aprender

Se aprende mejor cuando el entorno es festivo, alegre, emocionante. Cuando la espontaneidad, la expresión libre, el intercambio respetuoso tienen lugar. En otras palabras, cuando se abandona la violencia, la represión, la amenaza y las “malas vibras”. El cerebro, en contra de lo que se ha pretendido imponer y de lo que mucha gente piensa, funciona mejor para el aprendizaje con estímulos agradables. Algunas sugerencias breves para poder propiciar el gozo de aprender en nuestras aulas: 1. Mantengámonos en permanente búsqueda de recursos interesantes, emocionantes. Que impliquen hechos, situaciones de la vida real (incluso películas o programas) que se salen de lo normal y nos pueden ayudar a realizar reflexiones colectivas. Esto significa que necesitamos crear un stock de recursos (recortes, copias de los programas o películas, fotos, links, etcétera) que en cualquier momento pueden ayudarnos a que el momento de aprendizaje sea emocionante e interesante. 2. Invitemos a nuestros estudiantes a que vayan creando un libro personal de sus situaciones de vida. Esto va creando una memoria personal, pero también puede constituirse en un recurso para acudir a esos hechos y aprovecharlos educativamente. 3. Festejemos, valoremos, celebremos las ocurrencias locas, fuera de tono, (incluso absurdas), de nuestros estudiantes. Esto no sólo puede aprovecharse para crear un ambiente más propicio para el intercambio, sino ir creando un entorno espontáneo y de expresión plena que motiva a ser parte del mismo. 4. Cuando estemos frente a aprendizajes difíciles, démonos el tiempo para buscar recursos de humor, cambiar la situación, buscar situaciones reales. Cuando sintamos que los estudiantes ya no avanzan, cortemos, relajemos la situación. Y éste es el más difícil: 5. APRENDAMOS A NO SER TAN SERIOS! Seamos serios en nuestras responsabilidades, pero no serios en nuestro rostro y en nuestras interrelaciones con los estudiantes. Sonreír libre, espontánea, natural y constantemente, constituye uno de los factores más importantes para propiciar el gozo del aprender.

NAVIDAD, ¿CON O SIN RELIGIÓN?

La Navidad es sin duda alguna, una fiesta cuyo origen es religioso. Cuando nació el niño Jesús y construyó un escenario maravilloso, la fecha se convirtió en el motivo de una celebración fundamental en aquellos seguidores de ese niño, de Cristo. Los cristianos, pues, asumieron esta celebración, la Navidad. Desde este punto de partida histórico y de visiones, debemos afirmar que las fiestas navideñas son fiestas religiosas. Pero por la enorme carga de valores, por las nostalgias, por las alegrías y penas que se causan en estos días especiales, por las implicaciones incluso económicas, no podemos reducir nuestras miradas navideñas a su sentido religioso estrictamente. Digamos que la Navidad, seamos o no cristianos, seamos creyentes o no, nos implica a todos, nos abarca a todos, por su sentido plenamente humano. ¿Cuándo es cuando más ejercemos el perdón o la búsqueda de la reconciliación? En estas fechas, que más que por ser fechas, por ser momentos emociones muy significativos. Muchos se gozan la Navidad aunque no crean en Dios, menos en el nacimiento de su Hijo. Y por el contrario, muchos cristianos viven amarga y aisladamente estas fechas, porque la carga es demasiado para su estructura emocional. Así que, con o sin religión, vivamos la Navidad. Quizá si recordamos que el concepto “religión” viene de “ligare” (atar, vincular, ligar diríamos ahora) entre seres humanos y la naturaleza, o entre seres humanos y su Dios, podremos descubrir que lo religioso de estas fechas no está en religión alguna, sino en los vínculos que podemos construir o reconstruir. Cuando decimos “feliz Navidad”, lo que en realidad estamos diciendo no es sólo que pasemos bien las fiestas y el descanso, sino que APRENDAMOS NOVEDADES QUE NOS HAGAN MEJORES PERSONAS EN ESTE PLANETA. QUE NOS PERMITAN NUEVOS Y MEJORES VÍNCULOS CON LOS DEMÁS. Esto es una auténtica “natividad”: el nacimiento, el nuevo nacimiento de cada uno de nosotros y nosotras. Cada quien sabrá a qué o en qué nacer de nuevo.

¡CUIDADO CON DICIEMBRE!

Ahora que ya estamos en las puertas de un nuevo mes de diciembre, tenemos que tener cuidado con los efectos nostálgicos, melancólicos y depresivos que puede causar. Es la época, para la mayoría de seres humanos cristianos del mundo occidental, más linda y festiva. Se presta para tantas maravillas: reencuentros, perdones, momentos de espiritualidad profunda, fiestas, etcétera. Pero también es causa de muchas dificultades, de nostalgias y melancolías derivadas del recuerdo de tiempos pasados. Es tiempo de rupturas dolorosas, de desencuentros, de actos violentos, de accidentes, de suicidios. Si pudiéramos ayudarnos, y ayudar a otros a pasar bien el mes, tendríamos que poner atención a aspectos como: 1. Todo pasa. Después de diciembre, sigue la vida y ya. 2. Existen cosas maravillosas, posibilidades abiertas para lindos encuentros, reencuentros o esfuerzos en todo tiempo, incluido el mes de enero en el que parece que todo lo feo reaparece. 3. A veces, lo que nos genera angustias o dolores en el mes de diciembre, son cosas tan pequeñas que al verlas, cuando pasa el tiempo, debiéramos aprender a no repetirlas. Este mes de diciembre es otra oportunidad para ello. 4. Los grandes valores de diciembre son valores para todo el año. Si hoy se nos va el tiempo y no lo aprovechamos como queríamos para esas cosas buenas, ¿no tenemos 11 meses más para poder hacerlo? 5. Lo material es secundario, pero también puede ayudarnos. Es una excusa para agradecer, valorar y sentirnos cercanos a otros.

Vivir para aprender, aprender para vivir.

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