No!
Nos han enseñando en nuestros procesos de formación magisterial o pedagógica, que los profesores y profesoras tenemos que aprender a “ser otros y otras” cuando entramos al aula, a hacer nuestro trabajo docente. Que dejamos todo fuera, que al nomás atravesar la puerta, somos otros, porque nos debemos a nuestros alumnos.
Según este planteamiento, problemas emocionales, enfermedades, problemas económicos, dificultades conyugales, soledades, etcétera, todo eso desaparece casi mágicamente. Se queda fuera, se nos acaba y se nos olvida. Pero no! No es cierto! Seguimos pensando, sintiendo, resintiendo, sufriendo por todo eso, aunque estemos con una supuesta cara feliz frente a nuestros alumnos.
No puede el docente dejar su humanidad fuera, porque si no, no podría ser educador o educadora. Sólo los seres humanos educamos, con todo lo que somos, sufrimos, anhelamos. Por eso está claro que los problemas y penas van con nosotros, fuera o dentro del aula.
Pero tampoco se trata de caer en el otro extremo, el de ir a desahogarnos frente a los alumnos, o el de amargarnos, o peor aún, amargar a ellos y ellas, que no tienen nada que ver con nuestras dificultades. Asumir que nuestros problemas van con nosotros no significa que se los transfiramos a nuestros jóvenes estudiantes.
Así que se trata de un punto sabio y medio que:
• No niega que los problemas están con nosotros, estemos o no estemos en un aula.
• Reconoce plenamente la humanidad del docente. No es un superhombre o supermujer, siempre feliz, siempre perfecto.
• Plantea un esfuerzo de salud emocional, de inteligencia emocional de parte del docente, para ir enfrentando sus problemas (sin negarlos), pero sin que afecte sus relaciones con estudiantes.
• Posibilita un ejemplo, desde diálogos maduros con estudiantes, sobre cómo vivir la vida lo mejor posible, aun con problemas, tristezas y dificultades. De esta manera, nuestras dificultades también se vuelven motivo de aprendizaje propio y para nuestros estudiantes.
• Tiene claro que cuando se tiene problemas serios, es mejor dialogar con alguien antes de clase, o después, pero no con los estudiantes que pueden no entender el asunto. Concentrarse fuerte en la clase, para no dejarse vencer por los pensamientos sobre el problema, puede ser logrado si las clases son muy bien planificadas y no dejan margen para la improvisación o “tiempos muertos”.
Sentirnos así no sólo evita culpas innecesarias, sino que nos hace más plenos, como personas y como docentes.


No comments
Comments feed for this article
Trackback link: http://www.carlosaldanamendoza.com/2010/07/25/¿puede-un-docente-dejar-sus-problemas-fuera-del-aula/trackback/