Realmente Paul ha sido la gran revelación del Mundial de Sudáfrica. Ningún personaje, ni Messi, ni Ronaldo, nadie ha sido tan elevado a la categoría de “estrella” en este campeonato. No creo que jugador alguno, ni siquiera los de la final, puedan ser considerados tan acaparadores de la atención, tan amados y tan odiados, tan atractivos como el pulpo Paul. El que predijo resultados, el que causó tanto revuelo.
Ha sido divertido ver en las pantallas de televisión, en las portadas de periódicos, en las revistas especializadas, hasta en las del “corazón”, la foto del pulpo posándose sobre una caja de cristal con la bandera de su indicado como ganador.
Y claro, también han surgido las hipótesis explicativas sobre dicho comportamiento: que dicho molusco busca colores fuertes (como el de la bandera española, por ejemplo). Sin embargo, no puede negarse que ha rechazado banderas con colores parecidos a la mencionada.
En fin, el molusco es toda una estrella (aunque muchos quieran comérselo en múltiples maneras).
Pero educativamente, debiera servirnos para buscar explicaciones más profundas, menos llenas del morbo y el impacto mediático derivado de la nota periodística de Paul, el pulpo.
Debemos entrarle a la algarabía, al jolgorio que ha causado este animal marino, pero también debiéramos tener cuidado en que no seamos parte de una visión del mundo poco científica, carente de explicaciones más serias y profundas.
Fácil es que podamos acuerpar un imaginario donde se “predicen” las cosas, pero sin fundamentos, sin consistencia. Esto alimenta un derecho humano (para nada indicado en los tratados jurídicos nacionales e internacionales) que tiene que ver con la esperanza, con la angustia que nos genera no poder controlar el futuro.
Por eso, Paul, el pulpo, debe ser sólo motivo de diálogos alegres, pero cuidando que no caigamos en conclusiones, en formas de pensar que ya dan por asentado que es real, que verdaderamente predice el futuro. No por casualidad, ya han surgido pericos, cartas, brujos, etcétera, que le hacen la competencia al pulpo.
Educativamente no podemos propiciar, en niños y niñas, un pensamiento mágico alrededor de un pulpo, como predictor, como absoluto sabio de lo que habrá de venir. Podemos tratar de generar creatividad e imaginación para encontrar salidas, soluciones, explicaciones o respuestas tentativas, sólo aproximativas, sobre por qué ha pasado eso. ¿Fue casualidad todo pronóstico acertado? ¿Tiene bases científicas? ¿Por qué no?
Un nuevo motivo, ya de los últimos que nos ofrece el Mundial, en el aprovechamiento educador que hemos estado enfatizando en estas semanas.


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