A los profesores y profesoras de todas partes, se nos exige muchísimo, casi la perfección más plena y completa. Ésa es una injusticia muy grande. Sin embargo, debemos asumir que nuestra tarea de profesores y profesoras (de educadores, para ser más completos), va a ser siempre exigida así, por su importancia humana.
Para cumplir con la tarea, es necesario que sepamos satisfacer 5 necesidades permanentes, muy propias de nuestra tarea como docentes. Veamos.

1. Nuestra necesidad de descanso.
Aprendamos a descansar mental y emocionalmente. Nuestra tarea es muy cansada, es muy dura, sobre todo cuando nos “metemos” con profundidad a la tarea. Desde los problemas de aprendizaje, de relaciones, hasta las problemáticas graves en las familias o comunidades de nuestros alumnos, siempre hay una carga emocional dura. Y a eso sumamos las tareas de planificación, evaluación, etcétera.
Necesitamos descansar, tratando de organizar el tiempo y los momentos (la casa es la casa, la escuela es la escuela, aunque los problemas vitales de nuestros alumnos también ocupen nuestro espacio familiar).
El descanso puede significar vida en familia, ejercicio y deporte, pasatiempos, etcétera. Lo importante es la desconexión por momentos, para “recargar las baterías”. Docente que no sabe descansar, es docente que no sabe trabajar.

2. Nuestra necesidad de alegrarnos.
Por nuestro propio bien personal, pero también pensando como maestros, busquemos y vivamos todo aquello que nos da alegría, que nos genera energía, que nos hace sentirnos vivos. Empezando por el amor en todas sus expresiones, formas y modos. ¡Cuánta más alegría personal tengamos, más impacto profesional tendremos!

3. Nuestra necesidad de seguir aprendiendo.
Tenemos que seguir aportando, haciéndonos fuertes y más desarrollados. Para ello, necesitamos seguir satisfaciendo la necesidad humana de aprender permanentemente. Esto significa que no dejemos de estudiar, que seamos estudiosos o estudiosas permanentes, con tres condiciones fundamentales:
• Estudiar por el placer de aprender.
• Estudiar por la necesidad de actualizarnos y profundizar los conocimientos necesarios para el ejercicio de nuestra profesión.
• Conectar los dos anteriores. Es decir, el aprendizaje por placer más el aprendizaje por profesión deben conectarse, integrarse. Ser un solo placer.

4. Nuestra necesidad de variar.
Esta es una necesidad poco entendida. Los seres humanos necesitamos variar en todo sentido (¿qué pasa si comemos el mismo plato todos los días de nuestra vida?). Humana y profesionalmente, los profesores necesitamos variar: nuestras actividades personales, nuestras formas de hacer las cosas pedagógicamente, etcétera. Todo necesitamos variarlo, para seguir sintiendo gusto por lo que somos y hacemos. E irradiar ese gusto.

5. Nuestra necesidad de integración profesional y personal.
Necesitamos sentir que somos parte de agrupaciones, comunidades o entornos en los que compartimos lo que somos y hacemos. En los que nos sentimos acompañados y apoyados, en los que nos escuchamos con otros. Esto significa la necesidad de revalorar y resignificar las agrupaciones, claustros o formas comunitarias que podemos crear los profesores. Resignificar porque la experiencia indica que los docentes, en casi todos los países latinoamericanos, sufren mucho dentro de sus mismas agrupaciones o gremios, en lugar de encontrar allí el lugar para el apoyo fuerte. Pero esta resignificación debe incluir que el entorno no es sólo para resolver dudas o mejorar capacidades didácticas, ni sólo por razones socioeconómicas, sino también por razones humanas.

*