Texto y contexto, el sentido de la educación

Piense, por un momento, en los rasgos, características, situaciones o hechos más simbólicos de la educación tradicional.   Desde la ya muy mentada necedad de la memorización mecánica, que no sirve más que para “dar una lección”, hasta los análisis eruditos, o falsamente eruditos, de grandes maestros universitarios. Piense, siga pensando en la educación escolar, en la que se llena la boca de falsa sabiduría, de elocuencia, de grandes explicaciones y debates. Que se llena de un prestigio que proviene de una racionalización academicista enorme.

Está claro que en estos pensamientos no vamos a encontrar cuadros llenos de sonrisas, de espontaneidad, de ocurrencias creativas, graciosas y explosivamente libres de estudiantes o profesores. Tampoco vamos a encontrar el abrazo afectuoso, la bocanada de expresión que sale del intercambio entre personas que se enriquecen entre sí, que se escuchan entre sí, que aprenden entre sí.

En la educación tradicional, el texto es el personaje principal. El texto en todas sus manifestaciones o formas: como palabra escrita (en libros, revistas, folletos, cuadros, powerpoints, pizarras…), como palabra oral (del profesor, mayoritariamente, y cuando aparece la palabra del estudiante, para responder las preguntas docentes), como palabra investigada (internet, bibliotecas físicas, etcétera. El TEXTO, en todas sus formas y extensiones (ahora también como hipertexto), ha ocupado un papel preponderante en la educación que se entiende como procesos de transmisión de información o de adquisición de formas de ser acordes a los intereses de los distintos poderes.

Ha dejado fuera al CONTEXTO, es decir, a los sistemas, series de interrelaciones (físicas, socioeconómicas, políticas, culturales, emocionales) entre las que transcurre la vida, que  constituyen nuestras distintas realidades, en las que somos, estamos o vivimos. En otras palabras, el acento en  un texto descontextuado (lo que hace la educación tradicional), es insistir en la transmisión y adquisición de saberes empaquetados, no de construcción de conocimientos. El conocimiento, como producto de la creación individual y colectiva, como resultado de la interconexión mental y emocional entre persona y realidad, no aparece en esta visión educativa.

Y, sin embargo, el sentido más pleno de la educación es el de construir aprendizaje. La educación tiene que ver con eso, exactamente con eso: con aprender. Y sólo aprendemos cuando convertimos a la información en conocimiento, porque los datos se vuelven pensamiento que compara, contrasta, utiliza, cuestiona, critica. Y así el conocimiento, cuando posibilita mejores inserciones en el mundo, y cuando contribuye a transformarlo, se convierte en sabiduría. Por ejemplo, la información que tenemos sobre los daños ambientales y ecología en general, se convierte en conocimiento cuando al procesarla nos permite tener nuevas actitudes y comportamientos, o nuevos saberes, más aún, nuevas sensibilidades. Cuando eso sucede, y empieza a llevarnos al compromiso con el planeta (a tener activismo político, por ejemplo, o comunitario, o buscar cómo impactar a otros, o buscar cómo enfrentar y detener el daño ambiental), eso se convierte en una sabiduría de vida.  Para que todo esto ocurra, el texto no puede ser entendido fuera del contexto. Es imposible comprender un texto sin contexto (leerlo, memorizarlo y repetirlo, sí, pero eso es otra cosa).

¿Cómo conectar texto y contexto?

  1. Siempre partimos del contexto, no del texto. Esto significa que tengamos claro qué de la realidad nos interesa aprender o descubrir, y sobre todo, qué de la realidad queremos influir o modificar.
  2. Partir del contexto significa esfuerzos importantes y significativos para aprender y comprender la realidad: no empezar por los conceptos, sino por los contextos o situaciones en las que queremos entender esos conceptos.
  3. Un texto siempre tiene que “retornar” al contexto. Para ello es necesario realizar siempre preguntas de APLICACIÓN, de “¿cómo se expresa esto en la realidad…?, “¿qué diferencias hay entre el texto y lo que hemos vivido?”. Pero también se necesita preguntas de IMPLICACIÓN: ¿en qué me comprometería, en qué me implica esto? ¿Qué implicaciones trae consigo este tipo de aplicaciones o de nuevos aprendizajes?
  4. Cuando el texto se relaciona con el contexto, es para descubrir mejor éste, pero también para ayudar a proponer cambios en el contexto. Y luego, también para propiciar nuevos textos, o nuevas formas de comprender los textos.
  5. El ciclo: “contexto-texto-contexto” debe significar para docentes, la necesidad de partir de la realidad, profundizar contenidos que sean aplicables o derivados de esa realidad, pero retornar siempre a la realidad para utilizarlos  a favor de la modificación o transformación de ese contexto. Esto significa que la conclusión preliminar de un ciclo de este tipo siempre va a significar compromisos personales y colectivos hacia la realidad. Por eso, en otro momento veremos nuestra propuesta metodológica llamada “CTC” (Contexto-texto-compromiso).

2 pensamientos en “Texto y contexto, el sentido de la educación”

  1. Al leer este documento te hace reconocer y te inside a que te realices una autoevaluacion hacerca de lo que se esta viviendo en la actualidad y de como era la vida en años atrás haciendote recapacitar de tus malas acciones. La verdad es que es muy buena información o transformación de escritura.

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