Deformación, formación e información sexual

Todos los seres humanos nacemos con nuestra estructura sexual y nuestras funciones listas para la reproducción. No necesitamos “saber” sobre sexualidad para reproducirnos, o para que nuestro cuerpo nos regale las sensaciones agradables derivadas del desarrollo hormonal.

Y sin embargo, por la historia de manipulación, mentiras y abusos –hasta políticos- se hace imprescindible que nos esforcemos por “saber de eso que ya sabemos biológicamente”. En otras palabras, a niños, niñas, adolescentes y jóvenes se les llena la cabeza y el corazón de tantas mentiras, de tantas ideas y de tantas manipulaciones que, al final, terminan satanizando o endiosando la sexualidad. La satanizan cuando llenan de tantas culpas, de tanta referencia al pecado, a lo “malo”, a lo “sucio” del sexo. Y lo endiosan, mediante una cultura mediática que lo coloca como lo más importante, como lo que nos hace “hombres o mujeres de  mundo”, ya sea por la imposición de modelos de belleza corporal, o por modelos de prácticas genitales.
Difícil es negar, entonces, que las jóvenes generaciones vienen viviendo procesos largos de DEFORMACIÓN, tanto en su pensamiento, como en sus prácticas. Pero sobre todo, en sus sentimientos y actitudes personales.
En este sentido, aparece como importante y urgente la necesidad de tener acceso a INFORMACIÓN científica, integral, humanística y actualizada. No sólo para “saber más sobre sexo”, sino para comprender mejor y más profundamente la naturaleza biológica de la sexualidad, sus implicaciones íntimas, sus fundamentos espirituales, sus efectos en nuestra psicología personal. Por ejemplo, la información completa y libre de mitos sobre la menstruación femenina, el simple hecho de saber que “es algo que ocurre en toda mujer a partir de cierto momento en su vida, que sucede con frecuencia, que se debe a tales factores, que no debe afectar la vida normal, que no es causa ni de vergüenza ni de alarmas, etcétera, etcétera”, ya es un importante aporte a la vida. ¿Cuántas mujeres no sufrieron, o sufren por esta falta de información mínima? ¿Cuántos problemas, angustias, vergüenzas o traumas podrían haberse evitado con la información tan básica sobre este aspecto?
La información  aparece así como un instrumento para entender y comprender mejor la sexualidad, pero también para tener bases y fundamentos para actitudes, para sentimientos, para compromisos. Para ser mejores personas, para desarrollar autoestima, para aprender a convivir y construir relaciones de igualdad y equidad entre hombres y mujeres. Es decir, no se trata sólo de saber, sino de ser una persona con más alegría y vitalidad sexual, llena de confianza, de sanas costumbres y hábitos, de actitudes favorables a la vida y al respeto a los demás. Para enfrentar la deformación se necesita la información, pero ésta sólo alcanza su punto fundamental de aporte cuando se convierte en FORMACIÓN, es decir, cuando los datos se convierten en conocimientos y éstos en actitudes, visiones, comportamientos, compromisos y hábitos favorables a la dignidad, alegría y respeto de la vida y de los demás.
Veamos un ejemplo. Un joven con información sobre técnicas para retrasar el orgasmo propio y de su pareja, es un joven con información valiosa. Pero si no la utiliza para crear un entorno más agradable, más respetuoso, de mayor intercambio afectivo y espiritual con su pareja, entonces la información contribuye a profundizar otro tipo de deformación (que a la larga comparte con históricas deformaciones, la manipulación, el uso egoísta de la otra persona). Si esas técnicas le sirven para “sentirse bueno en el sexo”, y “tener prestigio y fama entre mujeres”, pero le alejan de sentir amor real, de alcanzar respeto y afecto, de desarrollar compromisos más estables, ¿en qué contribuye a la fiesta de la vida la información?
No neguemos que la deformación en materia sexual predomina en nuestras sociedades. Tampoco neguemos que en la actualidad, más que nunca en la historia, podemos tener acceso a información variada, profunda, científica, integral (así como “basura informativa” de variadas posibilidades). Sin embargo, afirmemos que es urgente y necesario profundizar actitudes y sentimientos que fortalezcan el afecto, el respeto, la capacidad del encuentro, la alegría de la sexualidad que no se reduce al acto mecánico o físico, sino que nos envuelve en una de las más profundas situaciones espirituales.
Como adultos, ¿cómo podemos enfrentar estos tres aspectos?

Todos los seres humanos nacemos con nuestra estructura sexual y nuestras funciones listas para la reproducción. No necesitamos “saber” sobre sexualidad para reproducirnos, o para que nuestro cuerpo nos regale las sensaciones agradables derivadas del desarrollo hormonal.

Y sin embargo, por la historia de manipulación, mentiras y abusos –hasta políticos- se hace imprescindible que nos esforcemos por “saber de eso que ya sabemos biológicamente”. En otras palabras, a niños, niñas, adolescentes y jóvenes se les llena la cabeza y el corazón de tantas mentiras, de tantas ideas y de tantas manipulaciones que, al final, terminan satanizando o endiosando la sexualidad. La satanizan cuando llenan de tantas culpas, de tanta referencia al pecado, a lo “malo”, a lo “sucio” del sexo. Y lo endiosan, mediante una cultura mediática que lo coloca como lo más importante, como lo que nos hace “hombres o mujeres de  mundo”, ya sea por la imposición de modelos de belleza corporal, o por modelos de prácticas genitales.

Difícil es negar, entonces, que las jóvenes generaciones vienen viviendo procesos largos de DEFORMACIÓN, tanto en su pensamiento, como en sus prácticas. Pero sobre todo, en sus sentimientos y actitudes personales.

En este sentido, aparece como importante y urgente la necesidad de tener acceso a INFORMACIÓN científica, integral, humanística y actualizada. No sólo para “saber más sobre sexo”, sino para comprender mejor y más profundamente la naturaleza biológica de la sexualidad, sus implicaciones íntimas, sus fundamentos espirituales, sus efectos en nuestra psicología personal. Por ejemplo, la información completa y libre de mitos sobre la menstruación femenina, el simple hecho de saber que “es algo que ocurre en toda mujer a partir de cierto momento en su vida, que sucede con frecuencia, que se debe a tales factores, que no debe afectar la vida normal, que no es causa ni de vergüenza ni de alarmas, etcétera, etcétera”, ya es un importante aporte a la vida. ¿Cuántas mujeres no sufrieron, o sufren por esta falta de información mínima? ¿Cuántos problemas, angustias, vergüenzas o traumas podrían haberse evitado con la información tan básica sobre este aspecto?

La información  aparece así como un instrumento para entender y comprender mejor la sexualidad, pero también para tener bases y fundamentos para actitudes, para sentimientos, para compromisos. Para ser mejores personas, para desarrollar autoestima, para aprender a convivir y construir relaciones de igualdad y equidad entre hombres y mujeres. Es decir, no se trata sólo de saber, sino de ser una persona con más alegría y vitalidad sexual, llena de confianza, de sanas costumbres y hábitos, de actitudes favorables a la vida y al respeto a los demás. Para enfrentar la deformación se necesita la información, pero ésta sólo alcanza su punto fundamental de aporte cuando se convierte en FORMACIÓN, es decir, cuando los datos se convierten en conocimientos y éstos en actitudes, visiones, comportamientos, compromisos y hábitos favorables a la dignidad, alegría y respeto de la vida y de los demás.

Veamos un ejemplo. Un joven con información sobre técnicas para retrasar el orgasmo propio y de su pareja, es un joven con información valiosa. Pero si no la utiliza para crear un entorno más agradable, más respetuoso, de mayor intercambio afectivo y espiritual con su pareja, entonces la información contribuye a profundizar otro tipo de deformación (que a la larga comparte con históricas deformaciones, la manipulación, el uso egoísta de la otra persona). Si esas técnicas le sirven para “sentirse bueno en el sexo”, y “tener prestigio y fama entre mujeres”, pero le alejan de sentir amor real, de alcanzar respeto y afecto, de desarrollar compromisos más estables, ¿en qué contribuye a la fiesta de la vida la información?

No neguemos que la deformación en materia sexual predomina en nuestras sociedades. Tampoco neguemos que en la actualidad, más que nunca en la historia, podemos tener acceso a información variada, profunda, científica, integral (así como “basura informativa” de variadas posibilidades). Sin embargo, afirmemos que es urgente y necesario profundizar actitudes y sentimientos que fortalezcan el afecto, el respeto, la capacidad del encuentro, la alegría de la sexualidad que no se reduce al acto mecánico o físico, sino que nos envuelve en una de las más profundas situaciones espirituales.

Como adultos, ¿cómo podemos enfrentar estos tres aspectos?

  1. cham’s avatar

    Estimado Carlos:
    Esta es una situación para la cual puede encontrar muchas páginas especializadas que le van a ayudar mejor. Sólo quiero recomendarlo algo: ¡no se angustie más de la cuenta! Porque puede resolverse, puede mejorarse bastante y la angustia lo que causa es que se le complique más. Pero adelante Carlos, ahi va a ver que lo podrá resolver.

  2. cham’s avatar

    Reitero: puede buscar páginas especializadas que le van a ayudar muchísimo. Pero lo primero es que no se angustie, que es una dificultad que podrá resolver de muchas maneras.

*