La alegría de reconocernos seres sexuales

La alegría de reconocernos seres sexuales.

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Que “somos seres racionales” nos han dicho y enseñado tan profundamente. Tanto, que entre otras consecuencias, también hemos ido aprendiendo que todo aquello que “huele a cuerpo” ingresa en la lista de las cosas demoníacas, satánicas, sucias o algo así. Tan así que no olvido la manifestación tan violenta y agresiva que recibí de mis familiares cuando siendo un niño de unos 6 años estaba bañándome con mi hermanita de 3. ¡Aquella violenta reacción de mis familiares adultos giró alrededor de lo sucio y pecaminoso que dos niños estuvieran bañándose desnudos, a la luz de la demás gente!

Claro que somos seres racionales, pero también somos seres corporales. De hecho, ¡somos un cuerpo!, no es que tengamos un cuerpo. Y compartimos con todos los demás animales algún componente de la estructura biológica y fisiológica. Hasta con los antiguos y sobrevivientes cocodrilos compartimos la estructura defensiva que surge del llamado “cerebro reptiliano” (ése que es fundamental para actuar, para defendernos, para huir, pelear, sobrevivir). En otras palabras, somos tan animales como ¡todos los demás! Pero también somos humanos, a diferencia de ¡todos los demás!

Y es aquí donde nuestras altas capacidades debieran ser aprovechadas a favor de la alegría, de la felicidad, de la vida en todas sus dimensiones. Esto empieza por un elemental pero tan profundo como negado reconocimiento: ¡sentirnos y sabernos seres sexuales!

Sabernos y sentirnos seres sexuales significa que nuestra reproducción se basa en cierta estructura fisiológica, pero también que esa estructura fisiológica es naturalmente un regalo de la vida para seguir teniendo vida, pero también un regalo de la vida para sentirnos vivos.

Cuando las personas se reconocen como seres sexuales porque se reproducen a través del intercambio de fluidos y del coito –o sus nuevas maneras tecnológicas-, pero también porque sienten su sexualidad como algo real, vivo y presente, empiezan a reconocer que todo lo que tiene que ver con penes, vaginas, orgasmos, semen, etcétera, está en nuestra estructura natural. ¡Y que no son motivo de escándalos innecesarios!

Un orgasmo es algo necesario para la vida, aunque millones y millones no nazcan precisamente como producto de un momento sublime que lo incluya. Es parte de la vida porque tiene explicaciones científicas. Pero al orgasmo se le ha negado, se le ha satanizado, se le ha secuestrado de la vida cotidiana, como a otros temas. La masturbación, por ejemplo, (¡Peor si es femenina!, ¡Santo Dios, estamos frente al peor de los pecados!). Pecado ¿aquello que tiene honda, plena y directa relación con lo que da la vida?)

Sentir que estamos proveídos de órganos, de hormonas, de fluidos, no es simplemente un recordatorio de que podemos reproducirnos. Es un recordatorio de que esa estructura también tiene que ver con la alegría que nace del afecto, de los sentimientos. Tiene que ver porque esa estructura es un punto de partida, pero también un punto de llegada: porque tenemos hormonas, nos sentimos atraídos y emocionados sexualmente, y también nos enamoramos. Pero porque amamos y hemos aprendido a sentir afecto, amor, ternura, solidaridad, es que ponemos en acción nuestra biología. Somos seres sexuales significa que la biología de la vida, pero también la espiritualidad del afecto nos hacen, nos definen. Así, empezamos a descubrir cuán incompleta es esa definición de nosotros, seres humanos, como seres exclusiva y excluyentemente racionales. Somos todo lo que la vida nos permite, y lo que podemos construir.

Reconocernos como seres sexuales es el punto de partida para entrar en esa fiesta permanente, que no tiene edad, que no es cara, que es uno motivo para sentirnos plenamente felices. Esa fiesta que es la sexualidad. En esa fiesta podemos entrar todos y todas, podemos ser protagonistas sin exclusiones, sin presentar invitación. Sin necesidad de pagar ni tener recursos. Cada centímetro de nuestro cuerpo, así como cada ternura, cada pensamiento positivo por los demás, cada cosa buena que sintamos, hagamos y construyamos, todo nos recuerda que somos seres sexuales. Que la fiesta está con nosotros, y ¡nadie debe robárnosla!

Este artículo es el primero de una serie de 10 artículos que serán publicados proximamente:

1. La alegría de reconocernos seres sexuales

2. La caricia plena es la primera maestra sexual

3. La familia natural, la que no se alarma y sí educa

4. Nuestro cuerpo es toda una fiesta

5. Deformación, formación e información sexual

6. Educación sexual, ¿desde la ética o desde la moral?

7. La genitocracia (el poder que oculta otras maravillas).

8. La inteligencia emocional y espiritual es inteligencia sexual.

9. Libertad y responsabilidad. ¡Fuera la culpa, fuera el abuso!

10. Fuente de vida plena (no sólo biológica). está con nosotros, y ¡nadie debe robárnosla!

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