Las preguntas más importantes para un educador o educadora del siglo XXI


¿Qué entiendo, qué sé, qué comprendo, cómo veo al mundo actual, al ser humano de hoy, a las sociedades actuales?

Esto conlleva el esfuerzo de entender si queremos transformar el mundo, o si estamos conformes con él.
Implica no conformarnos con lo que nos dicen, ni con lo que vemos en los medios informativos dominantes, sino, además, realizar lecturas, estudios y comprensiones desde medios alternativos (en la red, en libros, en televisión, etcétera).
Significa tener mucha claridad sobre un punto: si vamos a trabajar o dedicarnos a la educación, antes tenemos que aprender a “situarnos en el mundo que vivimos”, habituarnos al conocimiento permanente y serio del ser humano, quien es el motivo, fin y sentido de toda educación.

¿Qué entiendo por educación en la actualidad?

Significa que lleguemos a una profunda, personal y muy estudiada comprensión de lo que entendemos por “educación”.
¿Vamos a creer que educar es proveer información o vamos a creer que educar es transformar la realidad desde nuevas visiones, actitudes y comportamientos?
¿Vamos a creer que un maestro o docente educa porque dirige, enseña, controla la vida de sus estudiantes, o educa porque con su testimonio personal, con su capacidad para dialogar, para “tocar el corazón”, propicia deseos de aprender, de desarrollarse?
¿Vamos a creer que sólo nos “educamos” dentro de aulas e instituciones, o vamos a creer que aprendemos y nos educamos mediante nuestro diálogo, nuestra apertura, nuestras conexiones con el mundo, con la tecnología, con la sociedad y su política?
¿Vamos a entender que la educación anula el pensamiento crítico –porque bombardea con informaciones- o es creación de un pensamiento libre, autónomo, creativo, feliz?
¿Vamos a creer que educar es para retornar a “un tiempo pasado”, o para aprender “a sacarle el jugo al tiempo presente”? ¿Educar es imponer los valores en las formas pasadas, o es aprender a vivir los valores en las circunstancias presentes?
¿Vamos a creer que la educación está al servicio de quienes enseñan, de quienes deciden, de quienes dirigen el mundo, o es un proceso de liberación, desarrollo y plenitud de toda persona?

Con las anteriores preguntas, nos acercamos a la pregunta fundamental de todo educador o educadora consciente de su mundo y de su tarea:

¿A favor de quién y de qué educo?

Cuando en cierta ocasión, tuve que escoger entre un momento feliz que teníamos con mis alumnos (en un campo, haciendo deporte, jugando, pasando el día tan llenos de alegría) o ser obediente ante las exigencias del director y de varios padres de familia que me pidieron llegar a tal hora, ¿qué fue lo que hice? Opté por la alegría, por el bueno momento y seguí con mis alumnos. (No había riesgos de algún tipo, sólo el que me quitaran el trabajo).

Nunca olvido las caras de muchos padres en las puertas del colegio. Lo que menos olvido es a algunos padres que a dos o tres cuadras estaban ya caminando para ir al encuentro (no cariñoso, por supuesto) de ese profesor que había desafiado el horario. (Hoy pienso que si hiciera eso –llegar mucho más tarde por tener un buen rato con alumnos niños- sería un enorme tonto, por los factores de inseguridad que vivimos hoy).

Allí empecé a vivir, en cosas sencillas y cotidianas, que cuando uno educa, se pone a favor de unos y en contra de otros. Llevado esto a otros niveles (políticos y estructurales), significa que, por ejemplo:

1)   Educamos a favor del pensamiento crítico de nuestros alumnos, y a favor de ellos y ellas, en contra de muchos de sus padres, de sus autoridades religiosas o políticas. Incluso en contra de otros niños que prefieren memorizar que pensar, que prefieren obedecer que decidir por sí mismos.

En cierta ocasión, pensando en el desarrollo integral y pleno de mis alumnos,tuvimos una clase de educación sexual, apoyados por aquellos viejos documentales (aburridos, en blanco y negro, pero que para el tema eran muy interesantes y novedosos). La idea era estar a favor del desarrollo pleno de ellos y ellas, en contra de sus propios padres. A los días, me llegaron las críticas, las oposiciones y los regaños. Si no hubiera sido por el apoyo del director, un jesuita muy amplio (quien después hizo una opción por su pueblo salvadoreño), mi destino hubiera sido el desempleo.

2)   Educamos a favor de la justicia, la dignidad y la plenitud de la vida. Esto significa que muchos criticarán nuestros conceptos y visiones, nuestros métodos y formas de relacionarnos con estudiantes.

Llevar a estudiantes a áreas conflictivas, “sacarlos de las aulas” para que vayan a la realidad, para que se enloden en comunidades pobres, y para que con las reflexiones vayan descubriendo la injusticia y la negación de la dignidad en el mundo, nos causaba antes (porque hoy son otros conceptos) que nos dijeran “maestros comunistas”, “haraganes que en lugar de enseñar andan paseando”, “maestros libertinos que no enseñan los valores que hay que enseñar”. Confieso la alegría interna (me contuve la sonrisa) que experimenté un día que una alumna de altas posibilidades económicas fue asustada (casi hasta mordida) por un perro, que además se cayó y se ensució sus finas ropas. Eso fue en un trabajo de acción social en un área empobrecida de la capital guatemalteca. Pero fueron sus palabras las que me enseñaron mucho: “nunca me imaginé que tan cerca de mi casa, hubiera una realidad así”.

Seguiremos con reflexiones como éstas. Mientras, piensa, querido educador, querida educadora, ¿a favor de qué educas, a favor de quién te pones? ¿En contra de qué educas, en contra de quiénes, de qué sectores te pone tu trabajo?

  1. Rosario Vásquez’s avatar

    Pues es interesante compartir a favor de quién educo. Yo quiero educar a favor de la realidad de mi país, aunque sea a un pequeño sector. Quiero tener la oportunidad de educar a mis muchachas para que rompan el paradigma de la sociedad patriarcal, que lamentablemente venimos arrastrando generación tras generación.
    Antes lo hacía de manera muy camuflada, pero ahora gracias a sus enseñanzas, mi muy estimado Carlos Aldana, he abierto mis ojos y me doy cuenta que no debe ser nada clandestino, que nosotros los maestros debemos armarnos de valentía, de cara a nuestra hipócrita sociedad, no ser de esa parte que critica y habla en voz baja de las injusticias que a diario se viven. Alzar nuestra voz con respeto, claridad y mucha sinceridad. Trabajemos para propiciar un cambio sustancial en las generaciones que nos suceden y así lograr tener un mejor país.

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